domingo, 3 de septiembre de 2017

Recuerdos de "Los Condenados"

Este post es especial para mi porque va dirigido a una de las personas más importantes de mi vida. Mi pequeñito, mi sobrino Alex. Cuando leyó el artículo "Varsovia, un viaje que me cambió", me envió un mensaje al Washap:
"Tita, ¿vas a seguir escribiendo sobre guerras?¡Mola mucho!".
Y entonces me hizo recordar la época en la yo tenía su edad. Estudiaba octavo de EGB y hacíamos trabajos en grupo sobre la Segunda Guerra Mundial para la asignatura de Historia. Aquí empecé a apasionarme por el tema y, al poco tiempo descubrí un autor al que le dedique horas y horas. Sven Hassel.
No era un doctor en Historia, no era un erudito, no era Umberto Ecco. Era un soldado del ejército alemán que contaba lo que pasaba en el micro mundo donde vivía todo lo duro que la guerra significa.
Son solo vivencias, anécdotas, experiencia que transmitir para que la juventud no tenga una idea romántica y utópica de los conflictos armados.
Son las novelas que mi abuelo habría podido escribir sobre su paso por la Guerra Civil Española.
Ellos no sabían de fechas, estrategias o nombres de batallas. Te explicaban como eran sus camaradas, lo que significaba estar días y días en una trinchera bajo fuego de mortero.
Su primera novela, "La legión de los condenados" llego a mis manos por casualidad y, a partir de ahí, seguí leyendo y leyendo hasta que el tener dos o tres años más me hizo interesarme por otros temas.
Pero uno de los títulos que más me impresionó fue "Stalingrado".
Cuando Hitler decidió traicionar a sus aliados soviéticos e invadir Rusia hizo como muchos de nosotros, ignorar el pasado y cometer, por ello, los mismos errores que, en su momento, llevaron al mismísimo Napoleón Bonaparte a la derrota.
130 años antes los franceses acometieron esta gran campaña en la segunda mitad del verano. Las grandes extensiones de terreno recorridas por las tropas napoleónicas provocaron que, antes de llegar a Moscú, les alcanzara el invierno. Las tropas soviéticas, muy inferiores en número poco preparadas y con poco armamento, aguantaron, sin embargo el asedio de los franceses.
Y además, en su retirada hacia la actual capital, fueron destruyendo todo a su paso por lo que dejaron al ejército enemigo sin suministros (a mi me enseñaron en el colegio que esto era la técnica de tierra quemada pero luego he leído voces en contra de este término).
Por tanto Napoleón, con sus tropas desnutridas, sin el equipamiento adecuado para el clima invernal y la fuerte resistencia de los rusos no tuvo más remedio que capitular y retirarse.
Esto fue el principio del fin del gran Imperio soñado por el magnífico estratega, donde Europa fuera una sola nación.
Hitler intento la proeza en las mismas fechas pero, en vez de subestimar la grandes distancias a recorrer y la dureza del invierno ruso, pertrechó a sus hombres con equipo invernal.
Una buena idea si no hubiera sido porque las marchas maratonianas en mitad del verano cargando con toda la ropa de abrigo obligó a la mayoría de los soldados ha abandonar el equipo.
El ejército alemán consiguió llegar hasta su objetivo, Stalingrado, y allí encontró una resistencia que no esperaban.
Stalin había blindado la ciudad y tanto los combatientes como los habitantes sabían que era mucho peor intentar escapar ("Ni un paso atrás" era la consigna).
Las tropas invasoras fueron rodeadas y pasaron de ser los sitiadores a los sitiados.
Durante meses murieron de hambre, frío, enfermedades y los ataques constantes de los soldados rusos en incesantes incursiones al estilo de guerra de guerrillas.
Francotiradores rusos en Stalingrado 
Los alemanes no tenían descanso ni de noche ni de día y la ciudad se iba llenando de cadáveres putrefactos, como una inmensa tumba abierta, que lo inundaba todo de pestilencia y miasmas.
A la vez se inició un principio de guerra psicológica. Por los altavoces instalados en toda la ciudad se oía durante las 24 horas y día tras día la propaganda soviética:
"Tic tac tic tac, Stalingrado fosa común. Cada 7 segundos muere un soldado alemán. Tic tac tic tac tic tac tic tac".
Se organizaban fiestas y comilonas a las orillas del Volga para martirizar al enemigo que se moría de inanición.
Al final, de los 250.000 soldados alemanes que llegaron para conquistar este bastión imposible, solo consiguieron salir 90.000 tras la capitulación, de los cuales, solo 5.000 pudieron volver a su país.
Esto, es, a groso modo, lo que recuerdo de la Batalla de Stalingrado, dejando de lado todos los movimientos de tropas y estrategias equivocadas del histrionico Hitler.
Y por último quiero hacer un homenaje a esos personajes de las novelas de Sven Hassel que acabaron convirtiéndose en mis camaradas también.
Porta, Hermanito, el viejo, el legionario, Peter Barcelona Blom...








viernes, 1 de septiembre de 2017

Varsovia, el viaje que me cambió

La idea no surgió de mi pues era un país que nunca había pensado visitar.
Yo había buscado una semana relajante en un precioso balneario en el Valle del Jerte. Pero mi compañera de viaje había recibido una recomendación especial y me hizo cambiar de opinión.
Así que ese verano salimos hacia Polonia. Para mi, gran amante de todo lo relacionado con la Segunda Guerra Mundial, era un viaje casi espiritual. Iba a visitar lugares de los que había oído hablar, de los que había leído millones de veces.
Sabía que Varsovia había sido completamente destruida por los bombardeos alemanes al principio de la guerra. Pero la reconstrucción hecha en los años 50 es espectacular.
Yo llegué con la idea de ver la típica ciudad de un país del éste pero, y afortunadamente, los polacos han conseguido preservar su país de esa arquitectura oscura y deprimente que los soviéticos no consiguieron imponerles.
Varsovia es un lugar luminoso, colorido, lleno de vida, de música, de arte.
Pero, sobre todo, destila historia, recuerdos, homenajes. 
En cada esquina, en cada calle, en cada iglesia encuentras el reconocimiento de sus conciudadanos a las víctimas de los bombardeos. Al valor de los primeros soldados que intentaron defender la ciudad de atacantes que eran estratosfericamente superiores a ellos. Y a la resistencia después, que intento minar la fuerza de sus invasores con su guerra de guerrilla. 

Casi puedes sentir a los resistentes corriendo a tu alrededor. Te dejas llevar, inevitablemente, por la plasticidad, por el movimiento de estos monumentos. 
Pero lo más curioso es que te sientes poseído por un fantasma desde que llegas a la ciudad. Notas la presencia constante de un lugar que desapareció poco antes de la liberación, destruido, quizá por la vergüenza de sus propios creadores. El Gueto de Varsovia. 
Y digo que no existe pero no es verdad. En el antiguo cementerio judío se conserva un trozo del muro de esta gigantesca prisión, que no fue más que un campo de exterminio disfrazado de barrio, donde los alemanes encerraron a más de 400.000 personas para que murieran de hambre, de enfermedades, de miseria. Para mi, el Gueto, era un lugar de culto. Por tanto, tocar ese trozo de muro y pararme y ¡¡rezar!! (no lo hacía desde pequeña) en mi idioma, con mi religión, fue mi pequeño homenaje a esas víctimas inocentes que no fueron asesinadas solamente, también fueron torturadas de una manera que ninguna mente sana puede imaginar. 
Y me quedan dos lugares por comentar de este viaje mediático para mi.
El primero se encuentra en Cracovia. Se trata del edificio donde estaba ubicada la fábrica de Shlinder. Reproduzco mis propias palabras: 

"1 de septiembre de 1939, hace 78 años. 
Lo explico como lo vi, lo explico como me lo contaron. En Cracovia se conserva el edificio donde se situaba la fábrica de Shlinder. Ahora es un museo dedicado a la invasión de Polonia. 
A través de las fotos podemos seguir lo que pasó aquel día. 
Los polacos aprovechaban los últimos días que quedaban para ir a la playa, a pasear por los parques, de picnic. Un jornada de fiesta feliz como otra cualquiera. De pronto, los barcos alemanes aparecieron delante de la costa de Varsovia. Todavía, la población y sus dirigentes, eran ignorantes de lo que el ejército alemán pretendía. Estos mintieron a las autoridades aduciendo que eran maniobras y se acercaron lo más posible a la ciudad. 
A partir de ahí empezó un bombardeo constante y despiadado, apoyado por la aviación, que solo concluyó cuando Varsovia, una de las ciudades más bonitas de Europa, quedó destruida hasta los cimientos. 
Entonces empezó la invasión terrestre. La famosa caballería polaca no pudo hacer nada ante los tanques y las ametralladoras. La ciudad se quedó esperando la ayuda de sus aliados rusos sin comprender todavía la enorme traición de la que habían sido objeto. 
A partir de aquí comenzó la época más dramática y más oscura de la Europa del siglo XX, la Segunda Guerra Mundial."
El segundo fue, después de haber viajado mucho y visitado muchos lugares, con diferencia, donde recibí el impacto emocional más grande de mi vida.
Si, por supuesto, se trata de... 

Auschwitz!!!

Nunca pensé que un grupo de edificios rodeado de muros y vallas electrificadas pudiera contener tanto dolor, tanta tristeza. Se te pega a la piel, al alma y te dura toda la vida. La imágenes están vívidas en mi memoria como si las hubiera visto ayer, al igual que las sensaciones. 
No voy a hacer un recorrido aquí porque mi vocabulario es demasiado pobre para poder expresar lo que se puede ver allí. Solo diré que, en determinados espacios, la angustia y el llanto me hicieron salir sin poder acabar el recorrido. 
De todas maneras, creo que es una visita que todo ser humano debería hacer para ver como el hombre es el peor enemigo del hombre. Que la crueldad del alma humana supera cualquier otra cosa que la naturaleza nos pueda mostrar. Que asistimos a la repetición de los comportamientos psicópatas y nos son indiferentes porque, la distancia, no nos deja sentirlos en toda su extensión, en todas sus consecuencias. Por eso, la visita a Auschwitz es fundamental para que sintamos de cerca el miedo, la desesperación y el dolor que el sacrificio de nuestros semejantes provoca. 




miércoles, 30 de agosto de 2017

Destino Incierto

Hola hermanita, probablemente cuando leas esto te vas a preocupar. Te juro que no es mi intención, solo pretendo explicarte como voy caminando poco a poco hacia un sendero desconocido en el que jamás pensé que acabaría.
Pronto hará dos años de la muerte de mamá. Las dos soportamos una tristeza enorme desde entonces. Pero sé que sabes que la mía es especialmente más dura. Se me fue mi madre pero también, mi compañera, mi amiga, mi bebé y sobre todo, mi razón para vivir.
Ella se convirtió, durante mucho tiempo, en el centro de mi existencia. Ella era el eje, el motivo por el que yo vivía. Cualquier cosa que hiciera estaba condicionada por sus necesidades, por su bienestar.
Cuando se fue definitivamente me quedé intentando manejar el estupor, como una brújula que había perdido el norte. Mi vida ya no tenía una razón, una utilidad. La tenía entera para mi y no sabía que hacer con ella.
Han sido demasiados años y perdí la costumbre (si alguna vez la tuve) de hacer planes, de mirar hacia el futuro, de tener unas metas, unos objetivos.
Ahora es tarde. Entiendemé, no lo es para planear, lo es para que yo incorpore esa costumbre.
Me quedé como un barco a la deriva, me dejé llevar por los embates del mar embravecido y empezó a importarme un carajo absolutamente todo, excepto tu y mis pequeños.
Me conoces muy bien y sabes que nunca he tenido una personalidad demasiado convencional. Me mantuve dentro de los cánones que la sociedad exige pero siempre en el límite y siempre por ella. Ahora esos límites se me van desdibujando cada vez más.
Vivir dentro del caos, increíblemente, me da seguridad. Y cada día soy más puro caos.
La educación nos marca desde que nacemos. Durante toda la vida nos enseñan lo que es aceptable y lo que no y que si no cumples con lo que se espera de ti estas fuera. Eres raro y todo el mundo te mira como a un fenómeno de feria. Por eso mis opiniones nunca han sido políticamente correctas por lo que decidí callarmelas, para evitar esos enfados que les agarraba a los demás cada vez que las expresaba. Por eso tengo un piso y una hipoteca, un coche, un trabajo...
Cuando mamá se fue decidí cortar con todos los lazos que me ataban al pasado y empezar de nuevo. Y lo hice...pero quizá no como yo quería en realidad.
Sabes, y si no te lo digo ahora, lo que me aterroriza la dependencia, los apegos. El apego a las personas se ha reducido a ti y a los niños. En cuanto al material, no se si lo he tenido alguna vez pero, en todo caso, ha desaparecido a pasos agigantados. Necesito muchas menos cosas de las que tengo para vivir pero, en este nuevo inicio, seguí dejándome llevar, para que nadie pensara que soy rara.
Pero sigo sintiendo que vivo una vida que no es la mía, que me dejo arrastrar por lo que los demás esperan que haga y no por que quiero hacer en realidad.
No se si mi camino va a continuar discurriendo por la senda que lo hace ahora por que las fronteras se me borran. Pero si acabara tomando otros derroteros, solo quiero que me mires y me veas como tu sabes que soy en realidad y me entenderás muy bien.
¡¡Os quiero!!



domingo, 27 de agosto de 2017

Atrapadas sin salida

Atrapadas. Esa es la sensación que tienen la mayoría de las mujeres, se sienten atrapadas.
La experiencia que voy a narrar no es mía pero este sentimiento es común para muchas (perdón que no incluya aquí al género masculino pero me declaro ignorante de su situación y sus ansiedades).
Porque, a pesar de que yo también comparta ese sentimiento, es por otras circunstancias diferentes. Si intentara equipararme a muchas de las féminas que leen este Blog, probablemente se indignarían bastante.
Ahora, en este post, quiero describir la rutina diaria del 90% (o más) de las mujeres españolas que son amas de casa y trabajadoras a la vez.
Se que habrá una persona que se verá retratada en este artículo y me encanta porque quiero hacerla abanderada de las vidas sacrificadas en aras de la armonía, de la felicidad, del orden en el núcleo familiar.
Las amas de casa. Han sido siempre un sector profesional denigrado, despreciado, ignorado. Un ama de casa no es alguien que se incluya dentro del censo de la población activa. ¿Por qué? Porque no tienen contrato, no cotizan a la seguridad social, son fantasmas dentro de las estadísticas, para la maquinaria burocrática del Estado, no existen.
Los accidentes domésticos cubren una parte importante de las estadísticas de muerte y resultados incapacitantes, pero ellas no disfrutan de una Mutua. 
No tienen derecho a vacaciones remuneradas, a pensión de jubilación... ¡Ni siquiera a jubilación! 
En el momento en que son madres pasan a convertirse en miembros de una congregación de la que ya no pueden salir. Junto con el cuerpo de su bebé reciben una mochila de responsabilidad que ya no pueden abandonar nunca más.
Los maridos son los jefes pero estas operarias no tienen convenios colectivos, derechos de los trabajadores, sindicatos, comités de empresa... En fin, nadie que defienda sus intereses. 
¿Y por qué ocurre todo esto? Porque las mujeres somos la única especie que nace con una profesión. Desde el momento en que una niña abre los ojos al mundo, y antes de ver si es rubia o morena, tiene los ojos negros o azules, ya se sabe lo que va a ser, esposa y madre, ósea, ama de casa.
Pero las cosas, en vez de mejorar con el paso de los siglos y la evolución humana, para las féminas han empeorado. 
Ahora si que aparecen en ese censo de la población activa pero no porque de repente se reconozca esa labor silenciosa que es el pilar de todos los hogares y por tanto, de todos los países.
Porque, considerando que, al final, esta dedicación de 24 horas al día deja tiempo suficiente, a las amas de casa se les ha regalado un hobby para que no se aburran y se sientan realizadas (pobrecitas). La jornada laboral de 8 horas.
Recapitulando, que a todas las obligaciones descritas anteriormente hay que añadir todas esas otras de las que el consorte abnegado a presumido desde el principio de los tiempos y por las que se sentía con el derecho a tener chacha a tiempo completo. 
El que, desde los tiempos del inicio del hombre, era el encargado de proveer, de satisfacer las necesidades de su familia, se ha sentido desbordado en esta monumental tarea y ha requerido una ayuda para llevarla a cabo. 
Pero no por eso el núcleo familiar se ha convertido en un quid pro quo. La mujer sigue llevando sobre sus hombros la tarea ingente de tener todas sus horas ocupadas y el papá y marido (algunos, seamos realistas) hace la concesión de "echarle una mano" en algunas labores del día a día. 
¡ECHARLE UNA MANO! Sí, como si barrer o llevar los pequeños al cole y hacerles la cena fuera hacer algo que no les corresponde, es solo "ayudar a la parienta". 
Por eso te entiendo perfectamente, mi pequeña, entiendo que te sientas atrapada, manejada, despreciada. Que no te sientas valorada ni querida.
Pero, aunque parezca que no hay salida, que las cosas no van a cambiar, que te morirás dentro de 90 años en la misma situación que estás ahora, piensa en Obama, "yes we can".
Antes de concluir quiero hacer una aclaración. No soy feminista, ni machista, ni ninguna "ista" excepto cronista. Cuento lo que veo y si llegara a no gustar a algún sector de la sociedad, estamos a tiempo de cambiar. 

jueves, 24 de agosto de 2017

Lecturas y Reflexiones

Este Blog tiene 63 entradas, 64 si decido publicar esta. Cuando compartí la primera, "Prefacio", nunca pensé en llegar hasta aquí. Creí que me desilusionaría y este experimento moriría antes de nacer.
Pero las primeras visualizaciones me animaron a seguir y, entonces, me atrapó esa adicción que es escribir.
Nunca pensé que eso pudiera existir porque, si hubiera tenido el menor atisbo, si un preceptor me hubiera llevado de la mano y me hubiera advertido de lo que podía pasar, probablemente "Lecturas y Reflexiones" no existiría. Me asustan las dependencias, siempre he ejercitado el difícil arte del desapego pero soy como un funambolista en la cuerda floja, siempre a punto de caer en las redes de la supeditación. Y hasta ese momento había conseguido mantenerme firme encima del cable.
Pero caí. Caí en las garras de la necesidad de expresarme y ser escuchada, algo de lo que había conseguido prescindir más de la mitad de mi vida.
Pero, aunque parezca mentira, este Blog es algo que llevo casi en secreto.
Sí, como cuando las mujeres utilizaban un seudónimo porque tenían prohibido escribir y publicar. Pero mis motivos, desgraciadamente para mi, son mucho más prosaicos. Se trata, simple y llanamente de vergüenza.
Vergüenza ante las miradas de asombro e incomprensión. Vergüenza ante la incredulidad del que duda de mi inteligencia. Vergüenza ante la condescendencia que hace que mi labor al escribir estos pequeños destellos de prosa se convierta en un hobby insignificante y en absoluto loable.
Cuando, con un simulacro de orgullo mal interpretado, doy algunas estadísticas de la repercusión que me ha llevado a seguir engrosando la lista de títulos en el índice, lo único que puedo ver es un inicio de asombro que, rápidamente, se torna otra vez en la dolorosa condescendencia.
Por eso "Lecturas y Reflexiones" está escrito para un público sin rostro. Unos lectores que no me conocen y, por tanto, me ven con mi auténtica cara. Esa que está desnuda porque soy yo en toda mi extensión. Sin dobleces, sin disfraces, sin disimulos. Y no tienen el vicio de prejuzgar.
Siempre he intentado adaptarme al medio, como esas especies que han conseguido subsistir durante siglos sin llegar a la extinción. Adaptar incluso mi vocabulario para, otra vez, evitar esas miradas de quien observa un bicho raro y que me hacían sentirme pequeñita y ridícula. Hacer de la vanalidad el tema central de mis conversaciones para no parecer aburrida, sabelotodo, "plasta" en definitiva.
Pero aquí pude crear el mundo donde siempre había anhelado vivir. El sitio donde poder expresar todas mis opiniones, mis sentimientos, mis pensamientos, mis experiencias. E, increíblemente, como un milagro por lo deseado, he encontrado unos oídos que me oigan y me devuelvan una opinión o un análisis de lo escrito haciéndome sentir, por primera vez en mi vida, que tengo algo interesante que contar, que merece la pena escucharme. Que tengo un lugar en el mundo.
Por eso, y a pesar de todo, me sigue doliendo la condescendencia.
Me sigue atenazando la sensación de invisibilidad cuando recibo la mirada indiferente, la frase que llevo oyendo desde que empecé la construcción de esta mi casa "Bueno, es una buena manera de entretenerte. Si a ti te divierte...".
¿Y que hubiera hecho Madame Curie si hubiera tenido que oír esta frase cada vez que intentara explicar sus investigaciones?


miércoles, 23 de agosto de 2017

Letras del Nuevo Mundo

Como lectora veterana, siempre he sido esclava de las grandes editoriales. De los escritores famosos de todo el mundo y de todos los tiempos.
Pero, cuando empecé a publicar alguna reseña en mi Blog, atisbé un submundo del que, hasta ese momento, no había tenido ni idea, los autores independientes. 
Para los neófitos como yo, son escritores que autopublican sus escritos, los promocionan ellos mismos y los venden a través de plataformas digitales y online.
Es un trabajo extraordinario ya que no cuentan con toda esa capacidad de promoción que tienen las empresas de las letras en España pero tienen la ventaja de la libertad. Libertad en los temas, en los tiempos y, sobre todo, no son lacayos de la gran industria que lo tritura, lo homogeneiza todo y marca las modas y las tendencias.
El otro día leí un artículo de Bloguers, página en la que publico, sobre las búsquedas en Internet. El post es del Blog www.elmundomasallademisojos.wordpress.com que recomiendo especialmente. Espero que a Lucia, su autora no le moleste.
En el se habla de "La Web profunda (o invisible). Ese otro mundo donde es difícil acceder pero donde tienes infinitas posibilidades no controladas por las grandes máquinas como Google.
*NOTA: Dejo aquí el enlace para quien le interese saber más.
https://elmundomasallademisojos.wordpress.com/2017/08/18/infoxicacion-el-arte-de-preguntar-a-internet/
Es un símil perfecto para definir a estos autores independientes. 
No es fácil para los lectores ortodoxos, los que vamos a recorrer las librerías buscando el flechazo en las estanterías, saber o contactar con este mundo donde, una vez estas inmerso, descubres infinidad de temas, autores, estilos y, sobre todo, una enorme calidad.
Por ahora yo me he rendido al talento de varios de ellos y espero seguir haciéndolo con más en el futuro.
Este post es un pequeñito tributo a ellos, que mejoran y embellecen nuestras vidas. También es una pretensión de dar un poco de visibilidad para que más lectores empedernidos como yo, puedan disfrutar de una frescura que hace tiempo habíamos perdido.
Dejo aquí las direcciones de Twitter de algunos. Al resto hay que hacer el divertido trabajo de descubrirlos.
Antonio Orozco Guerrero. @AOrozcoGuerrero
Rosana Sánchez A. @Rosana_SanchezA
Gonzalo Fernández. @Gonzalo_Fern
Y aprovecho para darles las gracias por la confianza que han puesto en mi.





sábado, 19 de agosto de 2017

La calle de los prodigios

No estaba segura de escribir sobre el atentado ocurrido en mi ciudad. No quería dejarme llevar por el horror del momento o por la ira que una acción semejante pudiera producirme. No quiero ser injusta metiendo en el saco de la locura, la violencia de la venganza sin sentido y mal entendida, a todos los musulmanes que viven en paz en Barcelona.
Por eso esperé a que todo se calmara dentro de mi y explicar, directamente y para quien no la conozca, lo que es para mi la zona donde se ha producido este aterrador hecho.
Las Ramblas de Barcelona, un nombre mítico. Parece mentira que aunque no hayan venido nunca y no tengan posibilidades de hacerlo, es un lugar conocido en sitios muy distantes y culturas muy diferentes.
Como he leído últimamente, las Ramblas no es cualquier lugar.
Es un paseo central que, como decimos los barceloneses, va de montaña dirección mar, con una carretera a cada lado, una de subida y otra de bajada.
Bajando por la zona central, a los lados de este paseo, hay pequeños locales que comienzan siendo de libros, son sustituidos por pájaros y por último una explosión provocada por el color y el olor de millones de flores expuestas en pequeñas casetas de venta.
Todo esto está adecerazado por espectaculares estatuas vivientes, músicos callejeros, pintores que te hacen un retrato o una caricatura espectacular, vendedores de lotería, terrazas de restaurantes que sirven paella para cenar exclusivamente a los turistas y tenderetes de venta ambulante.
Y cuando llegas al final, te encuentras de frente con la estatua de Colón, rodeado por sus protectores leones que aparecen en las fotos de vacaciones de turistas de medio mundo.
En las calles laterales hay un número ingente de restaurantes de cocina de todo tipo (china, turca, marroquí, mediterránea, argentina...) y cafés con aires de finales del XIX. Tiendas de souvenirs con sombreros mejicanos, camisetas del Barça o toros en miniatura, todas ellas regidas por pakistaníes. Edificios modernistas conviviendo con otros de la época medieval. Infinidad de teatros y sobresaliendo de todos ellos, en la acera derecha dirección mar, el teatro del Liceo, la majestuosa casa que los barceloneses hemos dedicado a la Ópera y que ha sido testigo y a veces protagonista de actos de violencia en otras épocas más turbulentas.
Y de repente, una pequeña bocacalle nos descubre el Museo de Cera, impresionante, no ya por su interior, si no por el edificio donde está enclavado. Uno de los primeros Bancos, construido a finales del XVIII y con una historia misteriosa de desapariciones y asesinatos.
He dejado, a conciencia, este pequeño espacio para hacer una mención especial a un sitio pequeñito de tamaño, infinito de significado, La Fuente de Canaletas. 
Es curioso pero, una vez que llevé a unos amigos, que nunca habían visitado la ciudad, a verla, me dijeron que era muy pequeña.
Supongo que la repercusión, la simbología que tiene para nosotros la hace imaginar más grande.
Pero la leyenda no escrita que dice que si bebes de la Fuente siempre volverás a Barcelona la ha convertido en el sitio de reunión espontánea de la ciudadanía para celebrar alegrías o llorar tristezas.
Nuestras Ramblas son el corazón de nuestra ciudad, cuando hace mucho que no paseamos por allí, la añoramos como a un ser querido que hace un tiempo que no ves.
Es una calle que jamás se siente sola porque siempre hay alguien para hacerle compañía, para mirarla con asombro, admirarla y fotografiarla. Por un momento nos la han robado, bañando con sangre, miedo y muerte su suelo. Pero no es la primera vez que eso le pasa. Han desfilado ejércitos y han pasado guerras ante sus ojos y ahí sigue, alegre, colorida pero sin olvidar nunca a las víctimas que murieron en sus brazos.
Y espera con cariño a todo el que quiera venir a visitarla.

Entrada destacada

Bastian

Estoy inmersa en la lectura de "Memorias de Bastian" de Hugo Egido. Me sorprende conforme avanzo, es una opinión completamente...