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jueves, 23 de febrero de 2017

1984



El gran hermano te vigilia 


Utilizaré en esta entrada la primera parte del título de este Blog. Los nombres nunca deben parecer retóricos.
Para ello voy a referir como, a través de mis sobrinos, descubrí algo que quizá mucha gente sepa pero yo no.
Me encanta que vayamos de vacaciones los tres juntos así que, aquella Semana Santa, escogí un hotel fantástico donde disfrutar y aprovechar para hablar de la vida.
En aquella ocasión, adoptamos la costumbre de ir a los recreativos antes de dormir. Les encantaba que jugáramos al billar y, como son mis sobrinos y me aman, estaban convencidos de que yo era una maestra.
El caso es que en aquel pequeño hogar de fantasía, había una máquina que se ponía en marcha de tanto en tanto. Como si de una caja de música gigante se tratara, sonaba una tonadilla pegadiza y salían unas cabecitas de unos agujeros. Entonces ellos, como atraídos por el flautista de Amelin, dejaban de jugar, salían corriendo y, cogiendo unos martillos que colgaban de los lados, se ponían a aporrear como locos.
A mi me daba la risa y un día les dije que aquello parecía los dos minutos de odio.
Me miraron con esa expresión de "que cosas más raras dice mi tía" que los hace insoportablemente adorables y, claro, me preguntaron que eran los dos minutos de odio.
Me di cuenta de golpe del tiempo que había pasado desde que leí "1984" y que muchas cosas sobre la historia no las recordaba. Imposible satisfacer su curiosidad porque preguntaban más y más, así que me comprometí a releerlo y luego explicarles todo.
He aprendido a no prometer nada a los dos hombres que más quiero en el mundo si no voy a cumplirlo. Porque luego me lo echan en cara durante mucho tiempo. Así que busque el libro y, en parte por su petición y en parte porque me apetecía mucho, aproveche mis pocos ratos libres y volví a sumergirme en el ambiente oscuro, asfixiante, denso y aterrador del futuro que Orwell imagino para nosotros.
"Futuro" eso pensaba yo.
Releer la historia del amor como única salvación para la desesperación. La lucha contra un sistema al que no puedes vencer volvió a subyugarme e, increíblemente, la renuncia del final, me entristeció más que la primera vez que lo leí.
Pero conforme avanzaba en la lectura me pasó algo muy raro. Tuve un Dejá vu.
Hacía algún tiempo me había atraído un libro llamado "El hombre que amaba a los perros" del escritor cubano Leonardo Padura.
Aquí se narra el destierro de Trotski y un posible cruce con su asesino, Mercader. También hace un relato pormenorizado de la técnica utilizada en esa época por la Unión Soviética para eliminar de la faz de la tierra a los oponentes al régimen sin matarlos, y así, evitar convertirlos en mártires. Increíblemente todo me sonaba conocido y yo de Trotski conocía pocas cosas.
¡¡Pero, de repente se me hizo la luz!!
¡¡La historia de Emmanuel Goldstein, el diablo con cuernos y rabo, el culpable de todos los males de la sociedad en "1984" y al que iban dirigidos los dos minutos de odio era Trotski!!
La estrategia para anular y bloquear los recuerdos de la gente, el hacer desaparecer las fotos donde el personaje aparece, el reescribir la historia para que parezca el mal reencarnado o manipular los medios de comunicación para crear la fantasía de que estos rebeldes nunca habían existido, son las técnicas que utiliza el Gran Hermano con Goldstein.
¡¡Increíblemente, también son las que usaba el Partido Comunista en Rusia, en los años 20, con sus disidentes!!
No salía de mi asombro. De repente el futuro se había convertido en pasado. Orwell no nos explicaba lo que iba a ocurrir, nos informaba de lo que ya había ocurrido.
Por curiosidad, repase por encima la historia de Orwell y, efectivamente había sido un disidente del Partido Comunista y un Trotskista convencido.
Y así, gracias a mis sobrinos, descubrí algo que probablemente mucha gente sabe pero yo no.

martes, 14 de febrero de 2017

Yo, no se me asusten

Nunca dije que este Blog fuera otra cosa que un medio para expresarme.
Nunca me comprometí a escribir sobre temas concretos, solo es mi megáfono. Una manera de dar salida a las ideas que bullen en mi cabeza y que a menudo, más de las que desearía, no me dejan dormir!!
A veces se me llena el pecho de indignación por las injusticias con las que estamos en contacto cada día. Me deja sin palabras la crueldad, el concepto de que puedes hacer daño al prójimo porque eres el elegido, porque los demás son insignificantes. Una masa a la que puedes torturar a tu antojo.
Entonces estallo y tengo que decirlo, verbalizarlo, si no me ahoga. Probablemente si tuviera un auditorio entregado (traducción: alguien con quien comentarlo) no lo escribiría, pero no lo tengo.
Y, como ya estoy donde quería llegar, habrá que soportar unas cuantas de mis batallitas.
Para mi familia siempre he sido un espécimen raro. No sólo por algunas de mis ideas sobre la vida, también por mis aficiones, incluso por mi profesión.
Fui rara desde pequeña, una niña que no jugaba con muñecas, que no pedía juguetes. Una niña que antes de saber leer, se sentaba en el suelo rodeada de cuentos. Aunque solo fuera para mirar las ilustraciones. Mi madre, dicho por ella, se olvidaba de que estaba ahí.
Cuando tuve que elegir profesión, mis padres no podían pagarme una carrera universitaria, con 13 años elegí ser Analista Químico. Esto reafirmó mi imagen de rara para mi familia ya que no sabían ni que era (corría el año 1976 y las mujeres nos dedicabamos a otras profesiones).
Allí, estudiando, me encontré inmersa en los acontecimientos más importantes que han ocurrido en España desde la Guerra Civil. La muerte de Franco, las primeras elecciones, la constitución, la democracia. Todo esto me sedujo poderosamente y fui una niña de 14 años que no se preocupaba por la moda, los maquillajes, los chicos, los cantantes de moda. Yo escuchaba a los cantautores de la "Nova Canço". Sabía más de política que de actores guapos. Tenía una colección de números de "Mundo Obrero" y un póster de Felipe González en mi habitación.
Leía libros de forma compulsiva: Hess, Orwell, Kafka, Gorki... Y todo lo que cayera en mis manos sobre la II Guerra mundial,  una de mis pasiones.
Como comprenderéis alguien así en una familia de clase baja de los año 70-80 es muuuuuuyyyy raro.. Crecí y la cosa no mejoró. Sustituí los cantautores por la ópera y la música clásica cosa que en mi casa no se había oído nunca. Tenía que escuchar mis casetes con auriculares en un walman para no molestar. Seguí leyendo compulsivamente "cosas raras" y descubrí que me encanta la historia y la filosofía. También descubrí que tanto mi madre como mi tía, cuando hablaban de mi decían, "es que es un poco especial"!!!!
Sabéis, tener amigos,  un círculo con tus mismos intereses en donde yo me muevo es muy complicado. Por eso me acostumbre a mantener toda la dialéctica que me bullia dentro con mi mejor amiga, yo misma.
Ahora, en plena madurez, he descubierto que puedo volcar todo en una hoja de papel. Bien o mal me da igual. Y si hay gente que lee lo que escribo, UAUUUUU!!!  Vuelvo ha ser la niña encandilada por las ilustraciones de los cuentos que no podía dejar de mirar.
Agradezco a todos los que soportan lo caprichoso de este Blog pero me lo estoy permitiendo por primera vez en mi vida. Por primera vez quiero dejar de ser invisible, quiero que alguien me vea.
Gracias por la paciencia!!!
Fin

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