En un post anterior os comentaba que siempre he sido la rara de mi familia. No me entendían antes y ahora, con el Blog, me entienden menos.
Sabéis, y si no os lo digo ahora, que tengo otro perfil de Twitter. Empecé por una inquietud de ayudar cuando se recrudecio la guerra de Siria y el drama de los refugiados tomó dimensiones apocalípticas. Colaboro económicamente con cuatro ONG'S pero siempre he pensado que acallar tu conciencia con dinero es miserable.
Por eso decidí que debía dar voz a los sin voz, hacerlos visibles desde mi micro tamaño. Al final mi contribución solo es visible con un microscopio electrónico pero, utilizar eso como excusa para no mirar, para no ver no es ético.
Llevo casi un año intentando remover alguna conciencia desde mi minúsculo receptáculo y dando todo mi apoyo a mis ONG'S.
Evidentemente resulta raro que el poco tiempo que tengo libre lo dedique, como dicen, "a estar colgada del móvil". Y explicarles lo que intento hacer me hace sentir ridícula cuando a cambio recibo su mirada de incredulidad.
Y ahora con el Blog, ¡¡olvidaros!!. Si les enseñara la felicitación del Rey de España me seguirían mirando como si solo estuviera perdiendo el tiempo en tonterías.
No negaré que me duele un poco todo esto pero, al final, he tenido casi una vida para acostumbrarme. Y, evidentemente, ni he cambiado ni cambiaré un ápice mi manera de ser.
De todas maneras conseguí una victoria moral con parte de mi familia y amigas. Les hice aficionadas al teatro.
Para mi, el teatro es la expresión artística más cercana para los consumidores de cultura.
Recuerdo la primera vez que asistí a una función. Yo tenía 18 años, fui con una amiga a la que perdí el rastro hace ya mucho tiempo. Mi bautizo de fuego fue lo más espectacular que se puede tener.
Año 1984, Compañía Nacional de Teatro Clásico, director Lluis Pascual. "Luces de Bohemia" de don Ramón Maria del Valle-Inclan. Y como protagonista el más grande Máximo Estrella que a dado la farándula de este país, José María Rodero.
Tengo que ser justa y decir que yo ya me había vuelto adicta al teatro gracias a la primera cadena de Televisión Española, uno de los dos canales que teníamos en aquella época. Allí pude ver al mismo Rodero, a José Bodalo, Manuel Alexandre...
Ósea, lo más granado del universo actoral, en una versión memorable e inolvidable de "12 hombres sin piedad". ¡¡Así quien no se aficiona!!
Yo ya estaba entregada pero, la experiencia de mi primera obra me hizo adicta y proselitista porque es ese tipo de sensaciones tan placenteras que sientes la necesidad apremiante de compartirlas y que los demás las disfruten también.
Una de las primeras obras que vimos juntas fue "Flor de nit" de la compañía Dagoll Dagom.
A esta le han seguido infinidad más, vistas en compañía o sola. Unas me han gustado más y otras menos. Unas me han transportado y otras me han hecho llorar porque era la única manera de liberar la satisfacción. Ósea, mi síndrome de Stendhal particular.
Pero por muchas que haya visto, cuando elijo un título en la cartelera, disfruto desde el momento en que busco asiento y compro mi entrada.
El ritual siempre es el mismo, entrar en la sala con el resto del público, ocupar mi butaca y mirar el escenario tapado por el telón. Eso me hace sentirme importante, transportada a otras épocas inmemoriales. Me quedo allí sentada,esperando, con la inquietud de alguien que va a vivir un acontecimiento importante. Expectante y curiosa, como un niño que va de excursión por primera vez.
Y cuando se apagan las luces del patio de butacas y se encienden los focos, hasta las motas de polvo atrapadas en la luz parecen moverse más despacio. No se si le pasa a todo el mundo pero yo noto un olor especial.
En ese momento, la magia del teatro atrapa todos mis sentidos. Mi vista y mi oído están alerta para que ningún movimiento, ninguna palabra, ninguna expresión de los actores, ningún sentimiento se me escape. Pierdo la noción del tiempo y me mimetizo con la historia. A veces hasta me escuecen los ojos de no parpadear.
Y cuando se acaba, la sensación de satisfacción me dura mucho tiempo.
Supongo que esto que os he explicado aquí es común a todos los aficionados. A los que no lo son, espero que mi experiencia sirva para animarlos a probar.
Bienvenidos a mi casa. Te adentras en un mundo de fantasía, mi mundo.¿Preparado?.
Mostrando entradas con la etiqueta teatro. Mostrar todas las entradas
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domingo, 14 de mayo de 2017
viernes, 5 de mayo de 2017
Bailarines a lo Milán Kundera
¿Me permitís ser irónica? ¡Ep! Sin quejas que voy a intentar utilizar un 20% de mi capacidad para la ironía.
El otro día (expresión que utilizamos los españoles y que puede significar ayer, la semana pasada o incluso el año pasado) estaba yo repasando una cosilla que me habían publicado en El País. En aquella época estaba inmersa en la lectura de "La lentitud" de Milán Kundera que, aunque es un libro cortito, da muchísimo para reflexionar.
Lo que escribí allí es una mínima parte de las sensaciones que ese libro me provocó. Pero, lo que recuerdo claramente es una imagen mental que me acompañó permanente mientras disfrutaba de esta tremenda sátira condensada en 168 páginas.
Pensemos en un actor cuando está actuando en el escenario. Las luces de los focos le impiden ver el patio de butacas desde su posición. Delante tiene una pared negra, pero esa pared está viva, respira, mira, siente y comparte.
Esa es la imagen pero con una sutil diferencia. Al final, se encienden las luces del patio de butacas y el actor recibe su recompensa. Ve caras de admiración, de emoción, de agradecimiento. Oye los aplausos y los bravos.
Algunos, que nos movemos en las redes sociales con un objetivo, somos como ese actor en el escenario. Tenemos un espía que nos dice que el público nos ve pero no recibimos lo mismo de esa pared negra. Sentimos la mirada y la respiración de los voyeur que espían desde detrás de las cortinas y de tanto en tanto alguno nos saluda con la mano.
Es como el cowboy John Wayne que recorre la polvorienta calle principal de Deviltwon para enfrentarse a su rival mientras siente sobre si la expectación de los ciudadanos escondidos tras las ventanas.
Un inciso:¡¡Uff...!! Tremendo esfuerzo me esta costando esto. Camino por la cuerda floja.
No puedo quejarme de las visitas a este Blog. Cuando lo inicié pensé que lo leerían solo mi familia y mis amigos porque me quieren y que una entrada reciba 10.000 visitas es algo que nunca podría haber soñado pero... Siempre hay un "pero",¿no?.
Los que nos exhibimos desnudos delante del mundo también necesitamos algo de calor humano, una palmada en la espalda, un "lo estas haciendo bien".
Tengo que confesar que tengo dos perfiles en Twitter pero uno de ellos solo pretende ser un minúsculo intento de ayuda para mis seres queridos: Unicef, Médicos Sin Fronteras, Amnistía Internacional, Save the Children, ACNUR, Proactiva, PotoPotoAfro.
Y en este perfil es donde noto especialmente esa indiferencia. Porque a mi personalmente, por el tipo de vida que me ha tocado vivir, hay una cosa que me duele por encima de todo, la invisibilidad.
Publicar twitts con historias tremendas y no recibir la más mínima reacción agota como poco.
Todo este lloriqueo que estoy volcando hoy aquí, como habéis podido comprobar, solo es una demanda de atención, es la pataleta de mi parte de niña para que me hagan caso, para recibir un caramelo y una caricia.
De todas maneras, como soy una persona empática por naturaleza, pienso en los que se mueven mimetizados en las redes sociales, con los que podemos hacer un viaje turístico por sus vidas desde que se levantan hasta que se acuestan. De los que vemos fotos de lo que comen, con lo se visten. Leemos crónicas de su día a día, minuto a minuto y pienso si recibirán el mismo tratamiento por parte de su público. Espero que no porque, en ese caso, la invisibilidad es aún más cruel.
Bueno, este post me ha salido menos irónico y más resentido de lo que pretendía. Pero ya sabéis que no controlo lo que escribo. Pido disculpas si alguien se ha sentido ofendido.
El otro día (expresión que utilizamos los españoles y que puede significar ayer, la semana pasada o incluso el año pasado) estaba yo repasando una cosilla que me habían publicado en El País. En aquella época estaba inmersa en la lectura de "La lentitud" de Milán Kundera que, aunque es un libro cortito, da muchísimo para reflexionar.
Lo que escribí allí es una mínima parte de las sensaciones que ese libro me provocó. Pero, lo que recuerdo claramente es una imagen mental que me acompañó permanente mientras disfrutaba de esta tremenda sátira condensada en 168 páginas.
Pensemos en un actor cuando está actuando en el escenario. Las luces de los focos le impiden ver el patio de butacas desde su posición. Delante tiene una pared negra, pero esa pared está viva, respira, mira, siente y comparte.
Esa es la imagen pero con una sutil diferencia. Al final, se encienden las luces del patio de butacas y el actor recibe su recompensa. Ve caras de admiración, de emoción, de agradecimiento. Oye los aplausos y los bravos.
Algunos, que nos movemos en las redes sociales con un objetivo, somos como ese actor en el escenario. Tenemos un espía que nos dice que el público nos ve pero no recibimos lo mismo de esa pared negra. Sentimos la mirada y la respiración de los voyeur que espían desde detrás de las cortinas y de tanto en tanto alguno nos saluda con la mano.
Es como el cowboy John Wayne que recorre la polvorienta calle principal de Deviltwon para enfrentarse a su rival mientras siente sobre si la expectación de los ciudadanos escondidos tras las ventanas.
Un inciso:¡¡Uff...!! Tremendo esfuerzo me esta costando esto. Camino por la cuerda floja.
No puedo quejarme de las visitas a este Blog. Cuando lo inicié pensé que lo leerían solo mi familia y mis amigos porque me quieren y que una entrada reciba 10.000 visitas es algo que nunca podría haber soñado pero... Siempre hay un "pero",¿no?.
Los que nos exhibimos desnudos delante del mundo también necesitamos algo de calor humano, una palmada en la espalda, un "lo estas haciendo bien".
Tengo que confesar que tengo dos perfiles en Twitter pero uno de ellos solo pretende ser un minúsculo intento de ayuda para mis seres queridos: Unicef, Médicos Sin Fronteras, Amnistía Internacional, Save the Children, ACNUR, Proactiva, PotoPotoAfro.
Y en este perfil es donde noto especialmente esa indiferencia. Porque a mi personalmente, por el tipo de vida que me ha tocado vivir, hay una cosa que me duele por encima de todo, la invisibilidad.
Publicar twitts con historias tremendas y no recibir la más mínima reacción agota como poco.
Todo este lloriqueo que estoy volcando hoy aquí, como habéis podido comprobar, solo es una demanda de atención, es la pataleta de mi parte de niña para que me hagan caso, para recibir un caramelo y una caricia.
De todas maneras, como soy una persona empática por naturaleza, pienso en los que se mueven mimetizados en las redes sociales, con los que podemos hacer un viaje turístico por sus vidas desde que se levantan hasta que se acuestan. De los que vemos fotos de lo que comen, con lo se visten. Leemos crónicas de su día a día, minuto a minuto y pienso si recibirán el mismo tratamiento por parte de su público. Espero que no porque, en ese caso, la invisibilidad es aún más cruel.
Bueno, este post me ha salido menos irónico y más resentido de lo que pretendía. Pero ya sabéis que no controlo lo que escribo. Pido disculpas si alguien se ha sentido ofendido.
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