Tengo dos sobrinos. Han salido muchas veces en este Blog. Para mi son mi vida. Sería capaz de morir para darles el corazón, las córneas, lo que fuera si lo necesitarán y lucharía con uñas y dientes para salvarles la vida.
Con esto quiero decir que entiendo perfectamente las campañas que se hacen para recaudar fondos para una operación o buscando donantes para un trasplante.
Lo que me cuesta entender es que nos volquemos, que tengamos tal capacidad para empatizar, para solidarizarnos, para emocionarnos con un solo niño y a la vez miremos, totalmente indiferentes, como mueren otros millones. Sin pestañear, sin sentir, como si fueran transparentes.
Inevitablemente eso me hace pensar en los campos de concentración nazis. Miles de niños murieron allí ante la mirada indiferente del resto del mundo. Lo que tienen en común aquellas víctimas de la barbarie y las víctimas actuales es ese sentimiento de muchas personas de que no son nada.
Sufren por terribles enfermedades que los mayores no podríamos ni pensar en soportar. Los ves desmadejados, sin fuerzas, solo piel, huesos y unos enormes ojos que miran fijo, con la fijación de la muerte aceptada.
¿Podemos llegar a autoconvencernos de que los padres de esa criatura inocente no sienten la misma desesperación que los progenitores del niño que necesita la operación o el trasplante?
Pero nos da igual. Por desgracia no nos invade la misma empatía y deseo de ayudar.
Y no acepto que se diga que eso no es verdad ¡porque lo es!.
Llevo demasiado tiempo sintiendo la indiferencia como para que nadie intente contarme mentiras. Somos capaces de dar dinero, recoger millones de tapones de botellas, asistir a eventos. Pero... Yo intenté hacer una campaña para Unicef, 100 euros, no 100.000.
Solo había que enviar un SMS que valía 4 euros de nada, poco más que un café. Con esa nimiedad se hubieran vacunado muchos bebés que no morirían de un simple sarampión.
Al final acabé dando yo el dinero.
También recuerdo que hace algún tiempo me sentí ofendida porque vi que Unicef Argentina ofrecía entrar en un sorteo de un coche por hacerse socio. Pensé: "¡Por el amor de Dios! Esto no es una promoción de verano de un supermercado, hasta ahí podíamos llegar."
Pero de sabios es rectificar, sí tentar el espíritu mercantilista e interesado del ciudadano de a pie es el único medio para poder minimizar el sufrimiento y la muerte de más niños por desnutrición, por abandono, bienvenidos sean los sorteos.
Lo mejor es que cuando preguntas a esos que se hacen socios para ver si les toca, porque no lo han hecho antes o porque no lo hacen otros, te contestan :
"Es que te lo enseñan tanto por televisión que te acostumbras y ya no te afecta." ¿En serio?
¿Somos capaces de acostumbrarnos a esto?
Entonces, y sin ser creyente, pienso que si ese Dios del que todas las religiones hablan, existe de verdad, un día borrará su aberración de encima de la Tierra pura.
¡Y nos merecemos lo que nos pasé.!
Bienvenidos a mi casa. Te adentras en un mundo de fantasía, mi mundo.¿Preparado?.
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lunes, 24 de julio de 2017
martes, 21 de marzo de 2017
Bastian
Estoy inmersa en la lectura de "Memorias de Bastian" de Hugo Egido.
Me sorprende conforme avanzo, es una opinión completamente personal, porque se me presenta como una paradoja perfecta.
Esto lo explicaré más adelante porque primero quiero hacer un inciso.
El personaje de Bastian me hace pensar en una obra de teatro que vi hace un tiempo. "Pendre Partit" (Tomar Partido) de Ronald Harwood, protagonizada por Josep M. Pou.
En ella se habla de lo que en la Biblia se denomina "Tibios de corazón" ("Por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca").
Y vuelvo a mi percepción de esta historia como una paradoja. Bastian es un intelectual al que las maniobras del partido nazi en sus primeros años en el poder, repugnan pero que es incapaz de la más mínima protesta.
Tiene una esposa depurada por ser comunista, un amigo y mentor perseguido por ser judío pero se limita solo a sentirse mal por ellos.
Y, de repente, es requerido por la maquinaria nazi para colaborar en un gran proyecto. Estructurar, desde todos los ámbitos, el inmenso plan para acabar con todos los judíos y comunistas de Alemania y países aledaños.
Y aquí está la paradoja pues lo lógico sería que se negara en rotundo ha hacer algo así simplemente como acto de solidaridad suprema hacia su mujer y su mentor. Pero Bastian es un tibio de corazón, y hace lo que se espera de ellos, colaborar bajo la justificación de salvar su vida y la de su esposa. Y se puede entrar en el debate moral de si el fin justifica o no los medios pero lo que para mi esta claro es que este tipo de personalidades están dominadas por el miedo, el egoísmo y la falta de empatia.
Avanza facilitando que este genocidio se lleve a cabo sin problemas de rebeliones o revueltas. Desgrana de la manera más fría como se debe pulverizar el espíritu humano, cual es el mejor método para anular y embrutecer para así acabar con cualquier tipo de resistencia. Pero sigue justificandose y poniendo como excusa la vida de su mujer y no se da cuenta que esas personas, porque son personas y no mercancías, también tiene familias por las que no siente la más mínima solidaridad.
El Karma, la justicia cósmica o simplemente el resultado de bailar con el diablo pasan factura a Bastian pero, al final, su destino ya estaba escrito.
miércoles, 15 de marzo de 2017
Siria
Soy una ingenua, no me importa reconocerlo. En plena madurez y después de haber pasado por todo tipo de situaciones en donde he recibido la indiferencia y la incomprensión de los demás, sigo creyendo en el ser humano.
Vemos imágenes terribles cada día. De muerte, de sufrimiento, de gente que lo ha perdido todo. Vemos desplazados que dejan atrás, parte de sus familias, todas sus pertenencias, sus hogares.
Sabemos que hay miles de refugiados que prefieren pasar un infierno para, probablemente, acabar ahogados en el Mediterráneo antes que quedarse en sus países. Solo el pánico más absoluto te puede empujar ha hacer algo así.
Y, como ingenua que soy, pienso que todos vemos lo mismo.
Por eso cuando me enfrento a publicaciones de gente que, en vez de dedicar sus esfuerzos a paliar todo ese sufrimiento, se entretienen en intentar ensuciar a los que si lo hacen, no salgo de mi asombro.
Mi pluma no es tan locuaz como la de aquellos que se dedican a buscar yihaidistas entre las filas de ONG'S, periodistas, etc. Pero lo que si se es que los miembros voluntarios de estas ONG'S se la juegan en las zonas de conflicto y no se quedan en la comodidad del sofá.
Pero los españoles somos así. Nos cuesta reconocer lo que los demás hacen bien si nosotros no somos partícipes. Podemos echar por tierra una idea que puede salvar al mundo solo porque es la idea de otro.
Yo intento estar solo de parte de los que sufren. De los 18000 niños que han muerto en la guerra de Siria. Que han muerto por acciones militares de uno y otro bando. Que han sido mutilados por unas bombas que no caen solas, que son lanzadas por asesinos teniendo como objetivo colegios y hospitales.
Intentar defender a alguno de estos asesinos me parece obsceno. Y hacerlo solo para tirar tierra encima de quien es objeto de nuestras críticas es rastrero.
Cuando leo que las imágenes de la población civil afectada por bombardeos y ataques con armas químicas están manipuladas, no puedo evitar recordar a los que dicen que los testimonios y las pruebas gráficas del holocausto nazi son mentira.
Podemos acusar a gente como Médicos Sin Fronteras, que mueren en los ataques indiscriminados a hospitales, de lo que queramos pero no dejan de ser héroes que dan su vida por los demás.
He llegado a leer verdaderas teorías de la conspiración en donde Unicef o Acnur son miembros de Al Qaeda disfrazados que se venden al mejor postor.
Se que a ellos no les afecta y que van ha seguir trabajando igual, pero a mi me indigna. Me indigna y me entristece que lleguemos ha ser tan cínicos que ya no podamos creer que haya solidaridad en el prójimo.
Sería mejor para todos que si esta fauna no va ha mover un dedo para ayudar, desplazara el lanzamiento de sus vilis hacia parrillas más concurridas por gente de su calaña. Les quedaría mejor ser tertulianos de Telecinco.
Vemos imágenes terribles cada día. De muerte, de sufrimiento, de gente que lo ha perdido todo. Vemos desplazados que dejan atrás, parte de sus familias, todas sus pertenencias, sus hogares.
Sabemos que hay miles de refugiados que prefieren pasar un infierno para, probablemente, acabar ahogados en el Mediterráneo antes que quedarse en sus países. Solo el pánico más absoluto te puede empujar ha hacer algo así.
Y, como ingenua que soy, pienso que todos vemos lo mismo.
Por eso cuando me enfrento a publicaciones de gente que, en vez de dedicar sus esfuerzos a paliar todo ese sufrimiento, se entretienen en intentar ensuciar a los que si lo hacen, no salgo de mi asombro.
Mi pluma no es tan locuaz como la de aquellos que se dedican a buscar yihaidistas entre las filas de ONG'S, periodistas, etc. Pero lo que si se es que los miembros voluntarios de estas ONG'S se la juegan en las zonas de conflicto y no se quedan en la comodidad del sofá.
Pero los españoles somos así. Nos cuesta reconocer lo que los demás hacen bien si nosotros no somos partícipes. Podemos echar por tierra una idea que puede salvar al mundo solo porque es la idea de otro.
Yo intento estar solo de parte de los que sufren. De los 18000 niños que han muerto en la guerra de Siria. Que han muerto por acciones militares de uno y otro bando. Que han sido mutilados por unas bombas que no caen solas, que son lanzadas por asesinos teniendo como objetivo colegios y hospitales.
Intentar defender a alguno de estos asesinos me parece obsceno. Y hacerlo solo para tirar tierra encima de quien es objeto de nuestras críticas es rastrero.
Cuando leo que las imágenes de la población civil afectada por bombardeos y ataques con armas químicas están manipuladas, no puedo evitar recordar a los que dicen que los testimonios y las pruebas gráficas del holocausto nazi son mentira.
Podemos acusar a gente como Médicos Sin Fronteras, que mueren en los ataques indiscriminados a hospitales, de lo que queramos pero no dejan de ser héroes que dan su vida por los demás.
He llegado a leer verdaderas teorías de la conspiración en donde Unicef o Acnur son miembros de Al Qaeda disfrazados que se venden al mejor postor.
Se que a ellos no les afecta y que van ha seguir trabajando igual, pero a mi me indigna. Me indigna y me entristece que lleguemos ha ser tan cínicos que ya no podamos creer que haya solidaridad en el prójimo.
Sería mejor para todos que si esta fauna no va ha mover un dedo para ayudar, desplazara el lanzamiento de sus vilis hacia parrillas más concurridas por gente de su calaña. Les quedaría mejor ser tertulianos de Telecinco.
martes, 3 de enero de 2017
AYUDA
Ayer me pasó algo que todavía me cuesta creer que fuera verdad. Estoy en el sofá haciendo lo habitual, ósea, colgada de Twitter. Entonces, cuando ya he decidido que es hora de hacerme algo de comer, recibo un mensaje directo.
"Hola" solo eso. Yo contesto "Hola!!!". Y de repente, en milésimas de segundo, todo cambia para mi. El siguiente mensaje sintetiza en pocas palabras, toda una historia.
"Nací en Arabia Saudí pero vengo de El Chad. Estaba en España pero me despidieron del trabajo. Me deportaban a El Chad pero hui. No se donde está mi familia. Estoy en Malasia, tengo miedo. Ayúdame"
Y de repente, yo tenía miedo, no sabía que hacer!!
Lo único que se me ocurrió fue enviar mensajes directos a todas las Ong's que conozco y de las que soy socia. También compartí con algunas personas que sigo y que, creía, sabían más de estas cosas.
Durante un rato angustioso espere que alguien me contestara, pero había silencio en las ondas.
Yo había sentido una corriente de electricidad con ese mensaje y pensé que los demás iban a sentir lo mismo. Se ve que me equivocaba.
De repente una luz de esperanza, me contesta Unicef. Me dan una dirección de correo electrónico para que se ponga en contacto con ellos!!
Yo se la transmito y noto en su contestación como un alivio por tener una línea de vida donde sujetarse y... Me agradece todo lo que he hecho por el!!!
Y que he hecho por el?? Perder dos minutos de mi tiempo enviando mensajes que sólo una persona y una institución han parecido ver?
Esta noche, ese insomnio que ha veces se ceba en mi, se ha acentuado pensando en Ahmed. La sensación de que alguien me ha pedido ayuda y yo no he podido dársela me inquieta y me desazona. Mi cabeza va a 100 intentando saber que más podría haber hecho.
Mi madre siempre decía que el que no sabe es como el que no ve y yo aquí he estado ciega.
Espero que Unicef o alguien pueda brindarle a Ahmed la ayuda que yo no pude y que, algún día, pueda volver a España y ver ganar al Real Madrid. Mientras, yo lo voy ha llevar en mi pensamiento y en mi alma. Voy a esperar que algún día vuelva a ponerse en contacto conmigo y me explique que todo acabó bien para el. Hasta pronto Ahmed.
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