sábado, 4 de marzo de 2017

Intolerancia

La polémica generada estos días por el famoso autobús de estos personajes que se hacen llamar "Hazte Oír", me ha llevado a reflexionar sobre la intolerancia.
Proliferan, siempre lo han hecho, personas que sienten, en la libertad de los demás para ser diferentes, una ofensa personal. Y se asocian entre ellos para luchar contra la esencia del ser humano.
Convierten sus lemas en una cruzada para salvar al mundo. Lo terrible es que el blanco de sus ataques, los monstruos contra los que pretenden luchar no son más que ciudadanos como cualquiera de ellos.
No es mi pretensión desprestigiar lo que para ellos es el sostén y la salvación de todos, no ataco el contenido, ataco la forma. Esa creencia de que puedes imponer tu criterio a los demás, que lo que tu piensas, lo que tu defiendes debe ser seguido por el resto del mundo porque es la verdad absoluta y aquel que no entra dentro de la masa homogénea y gris debe ser destruido.
Y lo llevan hasta las últimas consecuencias. Ahora son cuatro lunáticos seguidos por otros cuatro lunáticos pero no debemos olvidar que en otras épocas, en otros lugares, cuando el fanatismo se asocia con el descontento, es fácil convertir en cabeza de turco a cualquiera que se salga de la fila.
Han habido períodos de la historia en los que se ha asesinado u obligado ha abandonar vidas y haciendas de manera sistemática. Todos los países, en algún momento, han realizado algún tipo de limpieza étnica o, básicamente, religiosa. Porque esos cuatro lunáticos han conseguido contagiar a otros que simplemente están podridos por el odio y la frustración que sus propias vidas les producen y, ya tenemos juntos al amo y al perro de presa.
Ya solo les falta el auspicio de las autoridades y entonces todo crece como la espuma.
Nunca conseguiré entender la intolerancia. A veces pienso que tengo una mente demasiado lógica y estas actitudes ilógicas me hunden en la incomprensión. Pero sobre todo, lo que más me cuesta entender es que se pueda hacer daño, herir física o psicologicamente a otro ser humano solo porque no comulga con nuestras propias ideas o sigue los cánones que nosotros mismos o la educación nos han marcado. De todos depende que las nuevas generaciones crezcan aprendiendo, educándose en la tolerancia y la solidaridad.




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